martes, 18 de mayo de 2010

Sentimientos a flor de Piel

Aunque hace ya algún tiempo que volvimos, los sentimientos siguen a flor de piel, hoy tenía que hacer una redacción y me apetecía compartirla con ustedes.

El primer contacto que tuvimos con Pablo fue para ir a ver su casa, nos encontramos con una casa de madera justo delante de nosotros, una casa echa de madera podrida que por mucho que quisiésemos mirarla no tenía por donde cogerla.
Entramos a través de una pequeña puerta de madera y realmente aparecimos en un zulo. Dos habitaciones a cada cual peor y justo enfrente de nosotros estaba el niño estudiando sentado en un escalón y apoyado sobre una silla.
Muchos pensamientos rondaban por mi cabeza ¿realmente una familia podría vivir así? ¿Qué le ha llevado a esa familia a estar en esas condiciones?. Conforme más íbamos avanzando más escalofriante se hacía.
Salimos al “patio” que tenían y el niño con una sonrisa pintada en la cara y ojitos de ilusión nos pedía que viésemos cómo se balanceaba en su columpio, un árbol. Justo al lado había algo que no averiguábamos a descifrar que era. En uno de los palos que sostenía al plástico blanco aquel había colgado unas botellas. Entonces la Madre Ana le pidió que nos explicase en qué consistía aquello. Fue cuando nos dijo que era su cuarto de baño. La verdad, no tuve el valor suficiente para retirar aquella cortina.
Seguidamente mi compañera de viaje agarró la cámara y comenzó a grabar la casa, con un gran nudo en la garganta y cogiendo aire para respirar.
Atrás nos quedamos la madre Ana y yo rezagados y ella me aclaraba que era una familia privilegiada por tener un colchón para dormir.
Realmente yo no daba crédito a lo que veían mis ojos, estábamos aterrizando en Guatemala, sabíamos que veríamos cosas difíciles, pero todo es aún más duro cuando a esas cosas les pones una cara y un nombre.
Yoryi insistía en saber cómo leía y realmente era sorprendente observar que su lectura era muy fluida. A esto se le puede llamar fuerza de voluntad.
Grabamos la pila donde se bañan y llegamos al “dormitorio” donde tienen la mesa del comedor y una cama. Realmente lo que más me impacta es ver a una gallina comiendo en la mesa donde ellos comen y andando por su dormitorio.
Más adelante le preguntaría sobre la posibilidad de que la gallina viviera fuera del hogar por el tema de la higiene y su respuesta fue que se la podían robar. ¿Robar?, quien puede ser tan miserable para observar las condiciones en las que viven y encima quitarles lo único que tienen.
Esta es la verdadera realidad de Guatemala.

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